Poemas

El equipaje

 

Valeria Canelas, poeta paceña made in Spain, hace maletas hacia ninguna parte, sin punto de partida fijo.

 

imagen poema

 

Su vida en Madrid, nocturna y flanqueada por el humo de los pub, se haya convertido ya en parte sensible y memoriosa de los poemas de Valeria Canelas que desgarra en sus cuadernos.

www.arbork.com.bo

Un nuevo poema hace noticia en este sitio. Valeria Canelas (26), escritora paceña sin libros publicados, vive desde hace seis años en España. Desde ese páramo de la Unión Europea nos ha enviado no sólo uno, sino dos inéditos para el portal www.arbok.com.bo


Igual que Mariana Ruiz Romero (Tarija) y Guillermo Augusto Ruiz (La Paz), Canelas aceptó la invitación del director de este portal para difundir un poema inédito.


Su poema “El equipaje” revela no sólo la invisibilidad en la que la existencia humana fluye en cierta ciudad española, sino la fortaleza de los emigrantes ante el anonimato ciudadano.


Los poemas de Valeria Canelas fueron incluidos en Cambio climático. Panorama de la joven poesía boliviana (La Paz, 2009), cuya selección, prólogo y notas pertenecen a Juan Carlos Ramiro Quiroga, Benjamín Chávez y Jessica Freudenthal,


En febrero pasado, el blog K. difundió un inédito suyo sobre el Salar de Uyuni.


A fines de 2008, en su paso por La Paz, el mismo blog aprovechó para entrevistar a Canelas.


Canelas estudió tres años en la Carrera de Historia en la Universidad Complutense.


Cuenta con un blog El árbol de Edith donde postea sus poemas y otras apetencias intelectuales.


También se une con sus amigos y amigas a través de su Facebook.


 


 


El equipaje


 


Esta vez es


como la peor de las veces:


una melodía solitaria


recubierta de finales alternativos,


finales que son todo mi equipaje.


 


Sin punto de partida fijo


recorro estaciones que llevan


a todas las ciudades


menos a la que yo requiero.


Trenes avanzando


hacia ninguna parte.


 


Un punto de partida en


ausencia de medios de transporte.


El principio de la historia precisa un viaje,


empezar obliga a darle importancia


a la mínima posibilidad de mundo.


 


No hay punto de partida


sólo finales alternativos


en clave de monólogo.


 


El cuerpo no aguanta más


la falsa perspectiva del viaje.


Me revuelco en los finales infinitos,


en las ganas ramificadas.


 


Cuando no hay interlocutor


hay otra teoría stalker:


una niña moviendo un vaso


y nadie presenciándolo.


El espectador buscado es otra ciudad,


otro camino para el cual no tengo equipaje.


 


Vuelvo a casa y entierro mis finales probables.


Llegan otros falsos espectadores


les brindo mi mesa


reparto entre ellos mis ganas


dejo que los impostores


me cuenten sus viajes.


 


No cae telón de fondo


pero se apaga la luz


de la ciudad deseada.


 


En otro escenario hay viajes


que yo no sé cómo presenciar


sólo intuyo siluetas


finales probables en mi espalda


burlándose de mi equipaje.



Poemilla extra:  

 

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